chilean business

seis de la tarde, disfruto de una hora de redolés y su guitarra, un hombre amable y humilde que con implementación mínima puede lograr maravillas alucinantes, me le acerqué para tomarle fotos y detuvo la música para posarme por treinta segundos, todo parte de un chiste que repitió media hora después cuando volví a acercarme, eramos no más de cientoveintepersonas, todos cantando y conversando con él entre canciones, uno de los mejores conciertos que he participado, y un verdadero agrado volver a presenciarlo.
apenas terminó corrí a pánico, siempre me han agradado en un grado menor, me gusta su actitud y como han desarrollado su vida como músicos, por eso creí que era un concierto infaltable, pero me equivoqué, destaco su excelente interpretación en cada uno de los instrumentos, pero a mi parecer son mucho más entretenidos y prendidos en sus discos, con suerte al principio las canciones más rápidas incentivaron un poco, y lo raro fue al llegar todos se veían muy desesperados porque el show comenzara, quizás en el lugar donde estaba fue así, quizás otros saltaron y gritaron, yo personalmente sólo vi a un ebrio húmedo que me empujó más de lo suficiente para después vomitar dentro de su mochila.
nunca me ha gustado el hola shile, y esas interactuaciones mamonas, pero creo que la actitud que ví anoche fue simplemente una irrespetuosa lata, una especie de piloto automático activado en el que no se podía interrumpir ni cambiar nada de los planes ya prederminados, cuando para, repito, mi parecer se trataba de un concierto especial fuera de lo cotidiano.
a ver si algunos pánicofanáticos me destruyen respetuosamente o qué se yo, me gustaría saber la impresión de otros asistentes.